Uso del agua como ornamento y divertimento en Chorroclarín

miércoles, 21 de marzo de 2012

Diario de Campo. Día 3º


Sábado. 5:00 p.m. - 6:30 p.m.


Desde lejos se ve la soledad. Solo un perro nos recibe con tanta amabilidad como lo hacen algunos lugareños. Unos cuantos celadores y otros comunes pasan sin notoriedad.  El cielo está blanco y el agua café, la multitud no está para colorear el paisaje. A lo lejos se ve un pequeño rastro de humo, y es precisamente de ese que habla el celador cuando conversamos con él. Al parecer, estar vigilando en Chorroclarín no es un problema, y los únicos inconvenientes son las fogatas y los ladrones.

El perro nos sigue hasta La Olla, donde decidimos meter nuestros pies al agua. Somos los únicos que interactuamos con el agua allí.  No aguanto el dolor y rápidamente deseo salirme del agua. Son alrededor de las 6:00 p.m., creo; el agua vuelve misterioso el lugar cuando todo cambia de color. Está casi de noche y los árboles altos hacen más difícil la vista, estamos abrigados por ellos. Vemos el atardecer rojo mientras unos turistas, al parecer bogotanos, nos preguntan inquietos sobre el último bus que pasa por la carretera de Chorroclarín; asombrosamente, pasa unos segundos después, a esa hora de la noche, y ellos alcanzan a tomarlo.



Isabel Pérez.

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