Uso del agua como ornamento y divertimento en Chorroclarín

miércoles, 21 de marzo de 2012

Acróbatas


Clavadistas profesionales, casi profesionales, amateur, aficionados; en realidad empíricos todos. Intentan hacer el mejor clavado sobre el lago más profundo de Chorroclarín. Acróbatas intentan pasar de un lado al otro del arrollo sobre un tronco como único puente con la gran adrenalina de caer en el  abismo de 20 a 30 centímetros, mojarse por completo hasta los tobillos y empapar sus zapatos; mientras dos jóvenes robustas y sonrientes posan para una cámara que quiere retratarlas cuando el agua se desliza, desvelando bajo su ropa la línea de la silueta de sus cuerpos. Niños, niñas, jóvenes corren para refrescarse. El agua en temperatura baja se ve como si caminase más lento, como si tuviese más paciencia, como si tuviese frío.
Parece como si el mal de parkinson fuese una epidemia contagiada desde el agua. Todo el que osa sumergirse en ella empieza a tiritar y a frotarse las manos. Es ahí, cuando deciden tirar la toalla, recogerla, secarse con ella, ponerse la ropa e ir a comer; acercarse por fin a la olla del sancocho. 


Gustavo Posada.

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